“Pues es Dios quien nos ha hecho; Él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10
¿Hemos entendido por qué estamos en este mundo?
Es necesario que, en algún momento de nuestra vida, nos detengamos a reflexionar si realmente hemos comprendido por qué estamos aquí. Dios nos creó con amor y ternura, con un propósito; que su nombre sea glorificado en cada una de nosotras a través de su Hijo Jesucristo.
Cuando entendemos esta verdad, surge una pregunta:
¿Estamos viviendo conforme al propósito para el cual fuimos creadas?
Creadas en amor y libertad
Dios es amor y no se contradice. Él desea que lo amemos con un corazón sincero y que dependamos de Él como hijas que confían en su Padre. Sin embargo, ese amor debe nacer de una decisión personal. Dios nos dio libre albedrío, la capacidad de elegir. Él no obliga a nadie a amarlo.
Sabemos que somos su creación, pero a causa del pecado vivimos en un mundo caído. Las malas decisiones han abierto puertas que nunca debieron abrirse. El enemigo ha engañado a la humanidad desde el principio; todo lo que ofrece es mentira y esclavitud disfrazada de libertad.
Un mundo confundido y un propósito distorsionado
Satanás ha hecho creer a muchos que son autosuficientes y dueños de su vida, y a otros los ha mantenido cautivos, con la mente atada y sometidos a la ignorancia espiritual. Todo esto con el objetivo impedir que vivamos el propósito que Dios soñó para nosotras desde antes de la fundación del mundo.
“El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10
Las consecuencias de vivir sin Dios
El caos que se vive en el mundo es el resultado de decisiones equivocadas tomadas a lo largo de la historia. Lo mismo ocurre en lo familiar y en lo personal. Muchas frustraciones, dolores y desgracias han llegado por no tomar en cuenta a Dios, sino por dejarnos guiar por el orgullo, la ignorancia o por patrones que se han repetido de generación en generación.
“Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.” Santiago 4:6
Examinemos el corazón
Dios desea bendecirnos, pero muchas veces confundimos bendición con logros, reconocimiento o éxito externo. Es importante preguntarnos:
¿Esto que he alcanzado es realmente la voluntad de Dios?
¿Estoy siendo bendición para otros?
¿Tengo paz y gozo en mi corazón o vivo dominada por la ansiedad?
¿Hay amor y unidad en mi familia?
Estas preguntas nos ayudan a discernir si estamos caminando conforme a la voluntad de Dios.
Cuando el orgullo nos engaña
También debemos examinar qué nos motiva. Si lo que nos impulsa es el orgullo al mostrar logros económicos, profesionales, físicos o incluso espirituales, estamos engañadas. El Señor resiste al orgulloso, pero se conmueve con el corazón humilde y lo exalta.
“El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor.” Proverbios 19:21
Soñar, pero de la mano de Dios
No significa que no debamos soñar o planificar. Cuando caminamos en una relación viva con el Padre por medio de Jesús, el Espíritu Santo nos guía y nos muestra qué decisiones nos convienen para cumplir nuestro verdadero propósito.
Dondequiera que estemos —en el hogar, en el trabajo, en nuestras relaciones— estamos llamadas a dar vida. Ya sea en lugares sencillos o en posiciones de mayor responsabilidad, es allí donde Dios nos ha colocado para dar fruto.
Llamadas por gracia, no por méritos
“Dios nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús.” 2 Timoteo 1:9
Dios nos amó tanto que entregó a su único Hijo para redimirnos con su preciosa sangre. En Cristo somos nuevas criaturas, hijas amadas. Cada una es única y especial; Dios no nos ve en serie. No debemos compararnos ni imitar la vida de otras personas. Cada una dará cuenta de los dones y talentos que recibió para cumplir su llamado.
Fe que produce frutos
“Porque Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:13
No somos salvas por obras, sino por gracia mediante la fe. Sin embargo, una fe verdadera siempre se manifiesta en amor y buenas acciones.
“¿De qué sirve decir que se tiene fe, si no se demuestra con hechos?” Santiago 2:14
Si amamos a Dios, nuestro deseo será hacer su voluntad y reflejar su amor hacia los demás.
Vivir en plenitud
Dios nos ama y desea que vivamos una vida plena. Esa plenitud no se encuentra en lo material, sino en un corazón alineado con Él. Cuando prospera nuestra alma, también prosperan las demás áreas de nuestra vida.
“Pidan y recibirán, para que su gozo sea completo.” Juan 16:23-24
Cuando vivimos conforme al propósito de Dios, nuestra vida cobra sentido. Damos vida dondequiera que vamos y experimentamos el gozo verdadero que solo Él puede dar.
Resplandece, mujer, fuiste creada con un propósito eterno.



