Jesús nos dejó una promesa que sigue siendo un refugio en tiempos difíciles: "Les digo todo esto para que encuentren paz en unión conmigo. En el mundo tendrán aflicción, pero tengan valor: yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).
Cuando miramos la historia, nos damos cuenta de que cada generación ha enfrentado dolor, pruebas y desafíos. Desde el Edén hasta nuestro presente, la humanidad ha sufrido por causa del pecado; la desobediencia, el egoísmo, la injusticia y la maldad. No es nuevo lo que vivimos hoy; es la consecuencia de un mundo que se ha apartado de Dios.
Dios nos creó para disfrutar de la vida, vivir en comunión con Él y caminar en armonía con nuestros semejantes. Pero al infringir Su ley, las puertas se abrieron para que el enemigo sembrara caos, engaño y destrucción. Así como Satanás se llenó de orgullo y se reveló contra Dios, también busca arrastrar al ser humano lejos de la verdad y de la luz.
El enemigo no conoce el amor, no puede imitarlo, no puede producirlo. Su misión es destruir la obra perfecta de Dios y confundir la mente del ser humano con pensamientos venenosos que acariciamos sin darnos cuenta, hasta que creemos sus mentiras. Y luego, cuando caemos, él mismo nos acusa.
Pero Dios en Su infinita misericordia hizo algo maravilloso.
La victoria de Jesús cambió nuestro destino para siempre
"Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16).
A causa del pecado, habíamos sido separados de la presencia del Padre. La santidad de Dios no permite lo impuro. Pero Su amor es tan grande, tan profundo, tan perfecto, que envió a Jesús a pagar el precio que nos correspondía a nosotras. Jesús derramó Su sangre pura, santa, sin contaminación, para redimirnos. Y cuando resucitó al tercer día, venció al pecado, a la muerte y al enemigo. Ahora Él es nuestro abogado, nuestro defensor, nuestro Salvador.
¡Qué amor tan inmenso!
El enemigo opera, pero no tiene la última palabra
"El ladrón viene para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10).
Satanás tiene sus huestes organizadas para traer confusión, división, temor y destrucción. No es omnipresente ni todopoderoso; actúa a través de demonios que buscan influenciar la mente, las naciones, las familias y las personas.
Vivimos tiempos donde vemos dolor en cada esquina; enfermedades, pérdida, violencia, catástrofes, guerras, maldad desbordada, confusión moral y una humanidad que se aleja cada vez más de Dios. Pero no estamos luchando solas.
"Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso, sino contra fuerzas espirituales malignas" (Efesios 6:12).
No estás sola, el Espíritu Santo habita en ti
Jesús no nos dejó indefensas. Nos dejó su Espíritu Santo para fortalecernos, dirigirnos, consolar nuestro corazón y recordarnos quiénes somos en Él.
"¿Acaso no saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?" (1 Corintios 3:16).
Si caminamos en derrota, no es porque el enemigo sea más fuerte… es porque hemos olvidado nuestra identidad. Somos hijas del Dios vivo. Somos más que vencedoras. Jesús ya venció por nosotras.
Pero esa victoria se activa por medio de la fe. La fe crece en la intimidad con Dios: oración, obediencia, amor, perdón, rendición y comunión con Su Palabra.
"Pero si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).
Dios no te llamó al temor, te llamó a caminar con poder
"Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7).
El temor no viene de Dios. Él te dio la capacidad de tomar decisiones sabias, de gobernar tu corazón, de no permitir que el enemigo manipule tus emociones. Pero para vivir en esa libertad, necesitamos rendir nuestra vida al Señor, arrepentirnos, perdonar, amar y decidir caminar en la luz.
Perdonar, incluso a los enemigos, parece imposible, pero cuando lo hacemos, somos verdaderamente libres. Porque al perdonar, le quitamos al enemigo todo derecho legal sobre nuestra vida.
Cristo te hizo libre, no regreses a las cadenas
"Cristo nos dio libertad para que seamos libres. Manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud" (Gálatas 5:1).
La libertad ya te fue dada. La victoria ya fue conquistada. La luz ya fue encendida dentro de ti.
Solo necesitas amar a Jesús con sinceridad, rendir tu corazón y caminar cada día tomada de Su mano.
En medio de este mundo turbulento, tú puedes ser un faro. Una portadora de luz. Una testigo viva de la victoria de Cristo.
Jesús venció al mundo. Y porque Él venció… tú también puedes vencer.



