“Tenemos esta esperanza como ancla del alma, firme y segura.” Hebreos 6:19
La Palabra de Dios nos habla de fe y esperanza. La fe es la certeza de que Dios nos ama y de que envió a Jesús, su Hijo amado, para el perdón de nuestros pecados. Él venció al enemigo que nos acecha para destruir nuestra alma y llevarnos a la muerte eterna. Pero, si nos arrepentimos de nuestros pecados y rendimos nuestra vida a Él, tendremos vida eterna y, en esta vida, veremos sus promesas cumplidas, si realmente lo creemos.
La esperanza es la espera paciente del futuro, confiando en que Dios tiene el control sobre toda circunstancia. Y es precisamente esta esperanza la que mantiene nuestra alma firme en el amor a Jesús. Su Palabra es clara; entendemos lo que nos espera en el futuro, pero cuando confiamos y esperamos pacientemente, nuestra alma reposa en paz.
Vivimos en un mundo que cada vez se vuelve más difícil, en el cual somos bombardeados con ideas contrarias a las de Dios. Si no fortalecemos nuestra fe y la cimentamos en Jesús, la roca firme, difícilmente podremos tener el ancla de la esperanza.
El ancla, en lo natural, es un instrumento de metal pesado que se lanza al fondo del mar para que los barcos se mantengan firmes y no se muevan con el vaivén de las aguas. Así es nuestra alma; si no está firme en la fe y en el amor a Dios, queda expuesta a moverse y a ser arrastrada por la corriente.
Existen diferentes tipos de corrientes, como los engaños que nos apartan de Dios y de su propósito. Algunas nos arrastran a aguas turbulentas como la ira, el rencor, las batallas internas y las dudas; otras nos llevan a los afanes que nos hacen dar más importancia a lo material que a lo espiritual: la vanidad, el orgullo, el miedo, la culpa, la baja autoestima y todo aquello que nos destruye.
“Hasta donde Jesús entró por nosotros para abrirnos camino, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” Hebreos 6:20
La esperanza es el ancla que nos conecta con Dios. Jesús nos abrió el camino al rasgarse el velo; ya no necesitamos intermediarios humanos. Solo Jesús mantiene nuestra alma firme y estable ante cualquier situación, dándonos fortaleza, confianza y estabilidad en nuestra fe.
Examinemos nuestra alma para discernir en qué aguas se está moviendo, o si se encuentra firme en el ancla de la esperanza que nos mantiene seguras en Jesús, nuestro Señor y Salvador.
No permitas que nada ni nadie te arrebate lo que Jesús hizo por ti en la cruz. Te perdonó, te sanó y te libró de la cautividad; venció al enemigo y te ha dado al Espíritu Santo, quien vive en ti. Él es tu Consolador, tu Ayudador y quien guía tu caminar si dependes de Él. Sus ángeles te cuidan en todos tus caminos.
No dejes que ninguna corriente te arrastre y pierdas lo que Dios ya determinó para tu vida. Mantente anclada en la esperanza que te mantiene firme en la fe y en el amor a Dios.



