"Pues es Dios quien nos ha hecho; Él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras según lo había dispuesto de antemano." (Efesios 2:10)
¿Alguna vez has pensado que ya es demasiado tarde para ti?
Quizás miras hacia atrás y recuerdas sueños que nunca se cumplieron. Tal vez la vida tomó un rumbo diferente al que imaginabas cuando eras joven. Los años pasaron entre responsabilidades, trabajo, dificultades familiares, enfermedades, pérdidas o sacrificios que te obligaron a dejar tus propios anhelos en segundo plano.
Es posible que incluso hayas llegado a pensar que las oportunidades ya pasaron y que ahora solo te queda conformarte con lo que tienes.
Pero Dios tiene una perspectiva muy diferente. Para Él, tu vida no se define por tu edad, ni por tus errores, ni por las oportunidades que perdiste. Dios te ve como una hija amada que sigue teniendo valor, propósito y una misión que cumplir.
Muchas mujeres llegan a cierta etapa de la vida sintiendo que ya no tienen nada importante que aportar. La sociedad suele exaltar la juventud, la apariencia física y el éxito visible, haciendo creer que el valor de una persona disminuye con los años. Sin embargo, en el Reino de Dios sucede todo lo contrario.
Dios nunca ha trabajado según los criterios humanos.
Cuando observamos las Escrituras, encontramos personas que fueron llamadas por Dios en etapas avanzadas de sus vidas. Sara recibió la promesa de ser madre cuando parecía imposible. Moisés tenía ochenta años cuando Dios lo llamó para liberar a su pueblo. Caleb, a los ochenta y cinco años, seguía creyendo que Dios podía darle nuevas conquistas.
La edad nunca ha sido un impedimento para Dios, lo que Él busca es un corazón dispuesto.
Tal vez los años te han dejado heridas. Has vivido decepciones, rechazos o pérdidas que te hicieron pensar que tus mejores días quedaron atrás. Puede que hayas cometido errores de los cuales te arrepientes o que sientas que desperdiciaste oportunidades importantes. Pero Dios es especialista en restaurar lo que parece perdido.
Él no desperdicia ninguna experiencia de nuestra vida. Incluso las lágrimas, las pruebas y los momentos difíciles pueden convertirse en instrumentos para bendecir a otros. Todo lo que has vivido te ha enseñado algo.
Tu experiencia, tu testimonio tiene valor.
Las mujeres maduras poseen la sabiduría, experiencia, compasión y una fe fortalecida por las batallas que han enfrentado, y eso es lo que el mundo necesita
Ya no tienes la energía de los veinte años, pero tienes algo mucho más valioso; la capacidad de comprender el dolor ajeno, aconsejar con prudencia y transmitir esperanza a quienes están comenzando su camino.
Dios no te creó para vivir resignada. Tampoco desea que pases tus días lamentándote por lo que no fue. Él quiere que mires hacia adelante con esperanza.
Todavía puedes servir, puedes aprender, emprender nuevos proyectos, cumplir sueños que nacieron en tu corazón hace muchos años y ser una fuente de bendición para otras personas.
Aunque tu propósito hoy no sea el mismo que tenías cuando eras joven, no significa que sea menos importante. Muchas veces Dios utiliza las etapas de madurez para desarrollar los frutos más hermosos de nuestra vida.
Por eso, no permitas que la edad te convenza de que ya no puedes hacer nada importante. Mientras tengas vida, Dios sigue teniendo planes para ti, Él sigue escribiendo tu historia.Y si tu corazón sigue dispuesto, el Señor puede abrir puertas que jamás imaginaste,
La Palabra de Dios nos recuerda que fuimos creadas para realizar las buenas obras que Él preparó de antemano para nosotras. Eso significa que tu propósito no terminó cuando cumpliste cierta edad.
Si al mirar hacia atrás y recuerdas sueños que nunca se cumplieron y la vida tomó un rumbo diferente al que imaginabas cuando eras joven. Los años pasaron entre responsabilidades, trabajo, dificultades familiares, enfermedades, pérdidas o sacrificios que te obligaron a dejar tus propios anhelos en segundo plano.
Es posible que incluso hayas llegado a pensar que las oportunidades ya pasaron y que ahora solo te queda conformarte con lo que tienes. Para Él, tu vida no se define por tu edad, ni por tus errores, ni por las oportunidades que perdiste. Dios te ve como una hija amada que sigue teniendo valor, propósito y una misión que cumplir.
Muchas mujeres llegan a cierta etapa de la vida sintiendo que ya no tienen nada importante que aportar. La sociedad suele exaltar la juventud, la apariencia física y el éxito visible, haciendo creer que el valor de una persona disminuye con los años. Sin embargo, en el Reino de Dios sucede todo lo contrario.
Dios nunca ha trabajado según los criterios humanos.
Cuando observamos las Escrituras, encontramos personas que fueron llamadas por Dios en etapas avanzadas de sus vidas. Sara recibió la promesa de ser madre cuando parecía imposible. Moisés tenía ochenta años cuando Dios lo llamó para liberar a su pueblo. Caleb, a los ochenta y cinco años, seguía creyendo que Dios podía darle nuevas conquistas.
¿Qué sueño, proyecto o anhelo has dejado de lado porque piensas que ya es demasiado tarde?
Entrégaselo nuevamente al Señor y permite que Él te muestre que sus planes no tienen fecha de vencimiento.
Hoy quiero recordarte que Dios aún no ha terminado contigo. Todavía es tiempo de levantarte, florecer y resplandecer.



