Muchas personas pasan gran parte de su vida intentando responder esta pregunta. Algunos creen que su identidad se encuentra en los logros, sin embargo, cuando esas cosas desaparecen, vuelven a sentirse vacíos y confundidos.
Jesús enseñó a comprender quiénes somos realmente. En la parábola del sembrador comparó nuestro corazón con distintos tipos de tierra y la Palabra de Dios con una semilla. Dependiendo de cómo recibimos esa semilla, así será el resultado en nuestra vida.
Cuando la Palabra cae junto al camino, no logra echar raíces. Cuando cae entre piedras o espinos, crece por un tiempo, pero termina marchitándose. Sin embargo, cuando encuentra tierra fértil, produce una cosecha abundante.
Esto nos revela que fuimos creadas para dar fruto. No fuimos creados para vivir vacías, sin dirección o simplemente sobreviviendo día tras día. Dios nos diseñó con un propósito.
Pero ¿cómo podemos descubrir quiénes somos realmente?
Jesús respondió esta pregunta con otra ilustración:
"Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada." (Juan 15:5)
Una rama no tiene vida por sí misma. Su fuerza, su alimento y su capacidad de producir fruto provienen de la vid a la que está unida. De la misma manera, nuestra verdadera identidad se encuentra en nuestra unión con Cristo.
No somos lo que otros dijeron de nosotros.
No somos nuestros errores del pasado.
No somos nuestras heridas.
No somos nuestros fracasos.
Somos hijos amados de Dios, creados con propósito y llamados a reflejar Su amor.
Cuando vivimos separados de Jesús, buscamos nuestra identidad en lugares equivocados. Intentamos llenar el vacío con éxito, reconocimiento, relaciones o posesiones. Sin embargo, nada de eso puede satisfacer la necesidad más profunda del corazón.
Cuando permanecemos unidos a Cristo, descubrimos quiénes somos realmente. Su amor sana nuestras heridas, Su verdad reemplaza nuestras mentiras y Su presencia nos transforma desde adentro.
Los frutos del amor, paz, fe, paciencia, bondad y esperanza comienzan a aparecer . Ya no vivimos para demostrar nuestro valor, porque comprendemos que nuestro valor proviene de Aquel que nos creó.
Por eso, si alguna vez te has preguntado quién eres, recuerda que:
Eres una rama llamada a permanecer unida a la Vid verdadera.
Eres una hija de Dios creada con propósito.
Y cuanto más cerca estés de Jesús, más descubrirás la persona que Él siempre quiso que fueras.



