“Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.” — Isaías 40:31
En el caminar de la vida toda mujer enfrentará momentos que intentarán detenerla. Hay temporadas de alegría, pero también tiempos de dolor, incertidumbre y cansancio emocional. Existen heridas causadas por otras personas, circunstancias que escapan de nuestras manos, y también decisiones equivocadas que nacen de nuestra propia terquedad, orgullo o temor.
Muchas veces nos sentimos impotentes ante situaciones como las económicas, enfermedades, problemas familiares, emocionales, pérdidas, injusticias, situaciones sociopolíticas o las preocupaciones del día a día. Y en medio de todo eso, el corazón puede cansarse. La mente se llena de preguntas y el alma pierde fuerzas.
Pero justamente allí, en el lugar de nuestra debilidad, Dios desea encontrarse con nosotras.
En Resplandece Mujer creemos que ninguna prueba llega para destruirnos cuando nuestra confianza está puesta en el Señor. Dios utiliza incluso los procesos difíciles para moldear nuestro carácter, fortalecer nuestra fe y acercarnos más a su corazón. Él no busca mujeres perfectas, sino corazones humildes y dispuestos a depender de Él.
Muchas veces intentamos resolverlo todo solas. Queremos aparentar fortaleza, controlar cada situación y seguir adelante aunque el alma esté agotada. Pero la realidad es que fuimos creadas para vivir sostenidas por Dios, no separadas de Él.
Nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades emocionales, espirituales y materiales. Él sabe lo que vivimos en silencio, las lágrimas que nadie ve y las cargas que llevamos en el corazón. Y aun así, nos sigue llamando con amor para confiar plenamente en Él.
Jesús dijo:
“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” — Juan 16: 33
Qué hermosa promesa para toda mujer que hoy se siente cansada. Jesús nunca nos prometió una vida sin dificultades, pero sí nos aseguró su presencia en medio de ellas. Él venció el miedo, el dolor, la muerte y toda oscuridad. Por eso, cuando caminamos tomadas de su mano, nuestra esperanza permanece viva.
Isaías 40:31 nos recuerda que las fuerzas nuevas no nacen de nuestra capacidad humana, sino de confiar verdaderamente en Dios. Cuando descansamos en Él, nuestra alma vuelve a levantarse. Él nos ayuda a correr sin rendirnos y a caminar sin desmayar.
Tal vez has sentido cansada y llorado en silencio, o te preguntas cuándo llegará la respuesta de Dios. Pero recuerda que Dios no se ha olvidado de ti. Él sigue obrando aun cuando no lo puedes ver.
Confiar en Dios también significa aprender a esperar su tiempo, rendir nuestra voluntad y creer que lo que Él tiene para nosotras siempre será mejor. Muchas veces queremos respuestas inmediatas, pero Dios primero trabaja en nuestro interior para prepararnos para aquello que ha prometido.
Por eso Jesús también nos enseñó:
“Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” — Mateo 6: 33
Cuando buscamos primero a Dios, nuestro corazón encuentra paz. Y aunque las circunstancias no cambien de inmediato, algo comienza a transformarse dentro de nosotras; la fe crece, la esperanza renace y el alma vuelve a resplandecer.
No permitas que las pruebas apaguen tu luz. Sigue confiando. Sigue orando. Sigue creyendo. Porque las mujeres que permanecen tomadas de la mano de Dios siempre encuentran nuevas fuerzas para levantarse y continuar.
Y aun en medio de la tormenta, volverán a volar como las águilas.



