El Dios Santo, Eterno y Todopoderoso que Reina sobre Nuestras Vidas

Un recorrido profundo por los atributos de Dios: Su santidad, amor, justicia y eternidad, que nos invita a rendir el corazón y vivir bajo Su perfecta voluntad.

Fe y Crecimiento

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December 13, 2025

El Dios Santo, Eterno y Todopoderoso que Reina sobre Nuestras Vidas

“El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un trono muy alto; el borde de su manto llenaba el templo. Unos seres como de fuego estaban por encima de Él. Cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían la cara, con otras dos se cubrían la parte inferior del cuerpo y con las otras dos volaban; y se decían el uno al otro: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor Todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria’.” (Isaías 6:3)

El Señor, Dios Todopoderoso, se le presentó a Isaías cuando fue llamado como mensajero para el pueblo de Israel. Más adelante, Isaías habla del temor a morir a causa de su impureza al estar ante la santidad del Rey de reyes. Un ángel purificó su boca con una brasa que sostenía con una tenaza, para que pudiera cumplir con su llamamiento.

Dios es santo, y nada contaminado e impuro puede entrar ante Su presencia. Por lo tanto, siendo nosotros de naturaleza pecaminosa, no podemos llegar por nosotros mismos ante Él.

Es necesario arrepentirnos de nuestra inmundicia y entender que Jesús, Su Hijo amado, vino a este mundo para redimirnos al derramar Su preciosa sangre, para purificarnos y tener acceso al Padre por medio de Él.

Ante la santidad de Dios, toda rodilla se doblará. No podemos entrar ante Su presencia y dirigirnos a Él de cualquier manera; primero debemos reconocer nuestros pecados, pedir perdón por ellos y, con humildad, dirigirnos en adoración, con la certeza de que hemos sido libres por el sacrificio que Jesús hizo en la cruz al pagar el precio por nosotros.

No se puede pretender manipular a Dios con oraciones egocéntricas y altaneras, enfocadas en lo que nosotros creemos que es justo o que merecemos. Con una fe firme, debemos anhelar y pedirle que, a través de Su Santo Espíritu, nos dirija hacia Su verdadero propósito, donde Él sea glorificado y exaltado.

“Pero Dios es tan misericordioso y nos amó tanto, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación.” (Efesios 2:4-5)

Dios es la fuente viva del amor; es la esencia pura. Es maravilloso saber que nos ama tanto y que, aun cuando no merecíamos Su amor a causa de nuestra rebeldía e infidelidad, envió a Su amado Hijo para rescatar a la humanidad. Ha sido muy paciente al esperar que nos volvamos a Él, pues al rebelarnos, la única opción que nos quedaba era el infierno: la separación total de Su presencia, la muerte eterna.

“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a Su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.” (Juan 3:16-17)

Es maravilloso Su amor, tan grande y perfecto, que envió a Jesús a dar Su vida por nosotros. Jesús nos ama con ternura; siendo cien por ciento Dios, vino al mundo siendo cien por ciento hombre, con todo lo que el ser humano puede sentir, y soportó todo el dolor de la crucifixión por amor.

El amor es libertad. Cuando se ama, no se exige ni se obliga. Dios no obliga a nadie a que lo ame; es una decisión muy personal. Nos da la libertad de escoger entre el bien y el mal. Pero, como toda causa tiene su efecto, sabemos muy bien cuáles son las consecuencias de escoger el mal y al que lo produce. Cada persona decide si acepta a Jesús como su Señor y Salvador y obedece Sus mandamientos, que son los que nos llevan a la vida eterna y a disfrutar de las bendiciones que Él nos tiene en esta vida.

“El Señor es tierno y compasivo, es paciente y todo amor. El Señor es bueno para con todos, y con ternura cuida Sus obras.”(Salmo 145:8-9)

“El Señor es justo en todos Sus caminos y bondadoso en todas Sus acciones. El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan con sinceridad.” (Salmo 145:17-18)

Dios es justo, y Su justicia es para siempre. Él sabe quién lo ama y lo busca con sinceridad. Su justicia es para los que lo buscan y le creen con un corazón humilde; sin embargo, al malvado lo deja caer en su propia maldad. Protege a Sus hijos de la injusticia, aunque muchas veces permite que el enemigo actúe en nuestras vidas para corregirnos, enseñarnos o prepararnos para Sus propósitos; pero al final, nos da la victoria. La justicia de Dios es perfecta.

“¡Levántate, Señor, con furor! ¡Haz frente a la furia de mis enemigos! Tú, que has decretado hacer justicia, ¡ponte de mi parte!”(Salmo 7:6)

Así como el rey David clamó por la justicia de Dios, también nosotros podemos pedirla.

“Además, queridos hermanos, no olviden que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” (2 Pedro 3:8)

Dios es eterno; es el dueño del tiempo y del espacio.

“Desde que se formaron los montes y que existiera la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, Tú eres Dios.” (Salmo 90:2)

Nuestra mente finita no puede comprenderlo, pero Dios no tiene principio ni fin. Ha existido y existirá por siempre. En Su Palabra está revelada la creación y el fin de este mundo. Él conoce el pasado, el presente y el futuro. La vida continúa en la eternidad; Él sigue y seguirá siendo YO SOY EL QUE SOY.

“Entonces Moisés respondió: —Cuando yo vaya a los israelitas y les diga: ‘El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes’, ellos me preguntarán: ‘¿Cómo se llama?’. ¿Qué les responderé? Y Dios le dijo a Moisés: —YO SOY EL QUE SOY.”  (Éxodo 3:13-14)

“Yo soy el Señor, no he cambiado. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido destruidos.” (Malaquías 3:6)

Dios es inmutable; Él no cambia. Es el mismo ayer, hoy y siempre. Es fiel a Sí mismo y no altera Sus principios, promesas ni acciones.

“Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco Su llamamiento.” (Romanos 11:29)

Mientras nosotros cambiamos constantemente nuestra manera de pensar y de actuar, dejándonos influenciar por las corrientes del mundo, las emociones o las preocupaciones de la vida, Dios se mantiene firme en Sus decretos, que rigen todo cuanto existe.

“Todo lo bueno y perfecto que se nos da viene de lo alto, de Dios, que creó los astros del cielo. En Él no hay cambio ni sombra de variación.” (Santiago 1:17)

“Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.” (Mateo 19:26)

Dios es omnipotente; todo lo puede. No necesita de nadie para hacer algo. Su poder es ilimitado. Él es el Creador y dueño de todo cuanto existe. Lo que para nosotros es imposible, para Él es posible. Se complace en que acudamos a Él cuando humanamente no encontramos solución, con fe firme y humildad de corazón.

“Pues si nuestro corazón nos acusa, Dios es más grande que nuestro corazón y Él lo sabe todo.”(1 Juan 3:20)

Dios es omnisciente; todo lo sabe. Nada es oculto ante Él. Conoce lo más profundo de nuestros pensamientos y sentimientos. Nos conoce desde el vientre de nuestra madre hasta el día de hoy. Sabe cuando somos sinceros o hipócritas, y conoce nuestras obras en público y en privado. Nada se le escapa. En Su omnisciencia desea guiarnos, sanar nuestra alma, consolarnos y fortalecernos en Su amor, siempre y cuando se lo permitamos.

“Señor, Tú me has examinado y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun desde lejos conoces mis pensamientos.”(Salmo 139:1-4)

“¿Podrá alguien esconderse donde Yo no lo vea? ¿Acaso no lleno Yo el cielo y la tierra?, dice el Señor.” (Jeremías 23:24)

Dios es omnipresente. Él está en todo lugar y trata la individualidad de cada ser humano. Está en cada nación y en todo lugar donde se invoque Su santo nombre. La omnipresencia es un atributo exclusivo de Dios, así como todos Sus demás atributos.

Satanás, que es un imitador, nunca podrá ser como Dios, porque no es omnipresente, ni omnipotente, ni omnisciente, ni santo, ni eterno. No puede amar; solo puede sembrar odio y discordia.El Espíritu Santo habita en cada persona que ha abierto su corazón para guiarla hacia Su propósito. Observa también a los que aún no lo conocen, esperando que rindan sus corazones, y vigila a los malvados, quienes serán juzgados si no se arrepienten.

“El Señor está en todo lugar, vigilando a los buenos y a los malos.” (Proverbios 15:3)

El Espíritu Santo habita en cada persona que ha abierto su corazón para guiarla hacia Su propósito. Observa también a los que aún no lo conocen, esperando que rindan sus corazones, y vigila a los malvados, quienes serán juzgados si no se arrepienten.

“El Espíritu Santo es la garantía de que recibiremos la herencia que Dios nos ha de dar cuando haya completado la redención de su pueblo, para que él sea alabado por su grandeza.” (Efesios 1:14)

Ante la santidad, el amor y la grandeza de Dios, solo nos queda rendir el corazón con humildad, caminar en obediencia y vivir para Su gloria, confiando en que Él es fiel y eterno, y que resplandecemos con Su luz.

“Por lo tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Timoteo 1:17)

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