«Sean prudentes y manténganse despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar.» 1 Pedro 5:8
Como mujeres que hemos decidido seguir a Jesús, la Palabra de Dios nos dice que vivamos con los ojos abiertos y el corazón despierto. No para vivir con miedo, sino para caminar con sabiduría, discernimiento y confianza en Dios.
La Biblia nos advierte que el diablo busca alejarnos de Dios, sembrar confusión y debilitar nuestra fe. Por eso Pedro nos anima a permanecer alertas. Pero estar alerta no significa vivir obsesionadas con el enemigo, sino permanecer en Jesús.
Cuando nuestra mirada está puesta en Él, aprendemos a reconocer aquello que nos aleja de Su presencia y podemos mantenernos firmes en Su amor y en Su verdad.
Jesús sabía que sus discípulos enfrentarían oposición, engaño y dificultades. Por eso les dijo:
«Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas.» Mateo 10:16
Jesús nos enseña a ser prudentes sin perder la ternura, tener discernimiento sin convertirnos en personas desconfiadas, defender la verdad sin dejar de amar y permanecer firmes sin responder con odio.
Como mujeres cristianas, necesitamos aprender a distinguir entre lo que edifica nuestra vida espiritual y aquello que poco a poco nos aleja de Dios. No todo lo que parece bueno nos hace bien, ni toda voz que habla de Dios enseña necesariamente su verdad y no todo mensaje que nos hace sentir bien nos conduce a Cristo.
Por eso necesitamos conocer la Palabra, orar, pedir sabiduría y permitir que el Espíritu Santo forme en nosotras un corazón sensible a la verdad. No podemos reconocer el engaño si no conocemos la verdad, la verdad no es simplemente un conjunto de ideas. La verdad es Jesús.
Él dijo:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida.» Juan 14:6
Cuanto más conocemos a Jesús, más aprendemos a reconocer aquello que está de acuerdo con su corazón. Por eso no construyas tu fe solamente sobre lo que otras personas dicen acerca de Dios. Lee su Palabra, ora, pregúntale al Señor, busca sabiduría. Examina lo que escuchas y permite que Dios transforme tu manera de pensar.
Cuando Jesús fue tentado en el desierto, permaneció firme en la Palabra de Dios. Satanás intentó desviarlo de su propósito, pero Jesús respondió con las Escrituras.
«Adora al Señor tu Dios y sírvele solo a él.» Lucas 4:8
Jesús no cedió. Su identidad no dependía de lo que el enemigo le ofrecía y su propósito tampoco podía ser comprado.
Nosotras también necesitamos recordar quiénes somos en Cristo. Cuando aparezcan pensamientos de temor, desesperanza o confusión, volvamos a la verdad de Dios.
Cuando una tentación nos invite a alejarnos de sus caminos, recordemos su Palabra. Cuando el mundo nos diga que necesitamos determinadas cosas para sentirnos valiosas, recordemos que nuestro valor no depende de lo que tenemos, de lo que otros piensan de nosotras ni de nuestra posición. Nuestro valor está en Dios.
No debemos vivir con miedo. A veces, cuando hablamos de batalla espiritual, podemos terminar concentrándonos tanto en el enemigo que olvidamos mirar a Jesús. Pero nuestra fe no está centrada en Satanás. Nuestra fe está centrada en Cristo.
Jesús venció. Por eso no necesitamos vivir aterrorizadas ni pensando que el enemigo tiene poder ilimitado sobre nuestra vida. Podemos permanecer firmes en Dios.
La Escritura nos dice:
«Sométanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.» Santiago 4:7
Observemos que dice «sométanse a Dios». Nuestra fortaleza comienza allí. No comienza en nuestra capacidad, nuestra inteligencia ni nuestras propias fuerzas. Comienza cuando rendimos nuestra vida al Señor.
Vivimos rodeadas de información, redes sociales, noticias, películas, música, opiniones y miles de voces compiten diariamente por nuestra atención. Por eso necesitamos aprender a cuidar nuestro corazón.
No significa aislarse del mundo. Significa discernir qué permitimos que influya en nuestra mente y en nuestro corazón.
Podemos preguntarnos:
¿Esto me acerca a Jesús o me aleja de Él?
¿Esto alimenta mi fe o mi temor?
¿Esto me ayuda a amar o despierta odio?
¿Esto edifica mi corazón o lo llena de pensamientos que no agradan a Dios?
No todo lo que aparece delante de nuestros ojos debe entrar en nuestro corazón.
También debemos tener cuidado de no convertir nuestra defensa de la verdad en una actitud de superioridad. Jesús nunca nos llamó a defender la verdad con arrogancia, nos llamó a vivir en verdad y amor.
Podemos estar firmes en nuestras convicciones sin menospreciar a quienes piensan diferente, podemos reconocer el pecado sin condenar a la persona, compartir nuestra fe sin atacar, corregir con humildad, podemos hablar de Jesús sin olvidar que nosotras también necesitamos diariamente su gracia.
La verdad sin amor puede convertirse en dureza, pero el amor verdadero tampoco necesita abandonar la verdad. Jesús nos enseña a caminar con ambas.
La Biblia también nos advierte que llegará un tiempo en el que algunas personas buscarán mensajes que simplemente les digan aquello que quieren escuchar.
«Porque llegará el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros» 2 Timoteo 4:3
Por eso necesitamos discernimiento. No todo mensaje cristiano es necesariamente bíblico. No todo lo que se presenta como espiritual proviene de Dios y no todo mensaje motivacional sustituye el Evangelio.
Nuestra fe debe estar cimentada en Jesús y en su Palabra.
El Evangelio nos habla de gracia, pero también de arrepentimiento. Nos habla de amor, pero también de obediencia. Nos habla de esperanza, pero también de una vida transformada.
Jesús no vino simplemente a hacernos sentir mejor; vino a transformar nuestra vida.
Seguir a Jesús no siempre será el camino más popular. Habrá momentos en los que tendremos que decir no, tomar decisiones que exigirán valentía, ambientes de los que tendremos que alejarnos, pensamientos que tendremos que entregar a Dios. Y habrá ocasiones en las que permanecer fieles será más difícil que seguir a la mayoría.
Pero nunca estaremos solas. Jesús camina con nosotras.
Él dijo:
«Entren por la puerta estrecha. Porque la puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; pero la puerta y el camino que llevan a la vida son estrechos y difíciles, y pocos los encuentran.» Mateo 7:13-14
Conoce su Palabra, ora, pide discernimiento, cuida tu corazón. Examina lo que escuchas, ama a las personas, permanece humilde. Y cuando no sepas qué hacer, vuelve a Cristo. Él es nuestra verdad, es nuestra paz, es nuestra fortaleza, es nuestra luz.
La mejor manera de enfrentar la oscuridad no es concentrarnos en ella, sino permanecer cerca de la Luz. Y cuando una mujer permanece cerca de Jesús, su vida comienza a reflejar su luz.
Podemos ser mujeres firmes en la fe, pero llenas de amor. Mujeres que conocen la Palabra, pero también la viven. Mujeres que tienen discernimiento, pero no pierden la compasión. Mujeres que no se dejan llevar por el temor, porque han aprendido a confiar en Jesús.
Que nuestras vidas puedan resplandecer en medio de un mundo que necesita desesperadamente conocer el amor de Dios. No necesitas vivir enfocada en el enemigo. Permanece cerca de Jesús, conoce su Palabra y deja que su luz guíe cada paso de tu vida.



