La esperanza está estrechamente relacionada con la espera. Es permanecer confiados mientras esperamos que algo suceda, especialmente cuando creemos en una promesa. Es una gran aliada de la fe, porque la fe nos permite tener la certeza de aquello que esperamos y la convicción de lo que aún no podemos ver.
Cuando creemos en la palabra de alguien que nos ha prometido algo, entramos en un tiempo de espera confiando en que esa promesa será cumplida. Sin embargo, los seres humanos somos limitados. Podemos fallar, cambiar de opinión o incluso no cumplir aquello que hemos prometido. Por eso, nuestra esperanza no debe descansar únicamente en las personas, sino en Dios, cuya palabra permanece para siempre.
«Cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, y así llegó a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que Dios le había dicho: “Así será el número de tus descendientes”». Romanos 4:18
Abraham es conocido como padre de la fe porque creyó en Dios aun cuando las circunstancias parecían contradecir la promesa recibida. Dios le había prometido una descendencia numerosa, pero Abraham y Sara eran ya de edad avanzada y no habían tenido hijos. A pesar de todo, Abraham creyó, esperó y confió.
Su historia nos recuerda que la fe no depende de lo que nuestros ojos pueden ver, sino de la confianza que ponemos en Dios y en su palabra. La promesa que Dios hizo a Abraham formó parte de su gran plan de salvación, a través del cual nació el pueblo de Israel y, en el cumplimiento de los tiempos, Dios envió a su Hijo Jesucristo al mundo para ofrecer salvación a todo aquel que cree en Él.
«Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta». Números 23:19
Dios no es como nosotros. Él es fiel a su palabra y no cambia. Lo que Él promete, lo cumple conforme a su voluntad y en su tiempo perfecto. El Padre prometió al Salvador, y cumplió su promesa enviando a Jesucristo. Jesús también prometió enviar al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo fue dado a sus discípulos para acompañarlos, fortalecerlos, guiarlos y consolarlos.
Nuestra esperanza, entonces, no está fundamentada en deseos vacíos, sino en un Dios que ha demostrado ser fiel.
«Hay tres cosas que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor». 1 Corintios 13:13
La fe, la esperanza y el amor están profundamente relacionados. Y, como nos enseña la Palabra, el amor ocupa un lugar supremo. Dios es amor.
Cuando conocemos su amor y aprendemos a permanecer en Él, nuestra fe puede fortalecerse y nuestra esperanza puede mantenerse firme aun durante los tiempos difíciles. No siempre entendemos lo que Dios está haciendo, ni conocemos cuándo llegará la respuesta que estamos esperando. Pero podemos confiar en que Él permanece a nuestro lado.
«Pero el Señor los espera, para tener compasión de ustedes; él está ansioso por mostrarles su amor, porque el Señor es un Dios de justicia. ¡Dichosos todos los que esperan en Él!» Isaías 30:18
Dios nos ama y desea que nos acerquemos a Él con un corazón humilde, dispuesto a obedecerle y a confiar en su voluntad. Nos ha dejado su Palabra para que conozcamos sus caminos, recordar sus promesas y aprender a esperar en Él.
Esperar en Dios no significa permanecer de brazos cruzados. Significa continuar creyendo, obedeciendo y caminando con Él mientras llega el momento que ha establecido. A veces la espera puede parecer demasiado larga.
Podemos atravesar momentos de angustia, enfermedad, escasez, dificultades familiares o circunstancias que no comprendemos. Pero aun en medio de esas situaciones podemos permanecer firmes, porque nuestra seguridad no depende de las circunstancias, sino de Dios.
«Pero bendito el hombre que confía en mí, que pone en mí su esperanza. Será como un árbol a la orilla de un río, que extiende sus raíces hacia la corriente y no teme cuando lleguen los calores, pues su follaje está siempre frondoso. En tiempo de sequía no se inquieta, y nunca deja de dar fruto». Jeremías 17:7-8
Un árbol plantado junto al agua tiene una fuente constante de alimento. Sus raíces se extienden hacia la corriente y, aun cuando llega el calor o la sequía, puede mantenerse firme. Así también nosotros podemos permanecer firmes cuando nuestras raíces están profundamente arraigadas en Dios.
Cuando confiamos en Él, encontramos fortaleza para atravesar las temporadas difíciles. No significa que nunca tendremos problemas, sino que no tendremos que enfrentarlos solos. Dios puede darnos paz en medio de la angustia, fortaleza en medio del cansancio y esperanza cuando sentimos que ya no podemos continuar.
Y aunque la respuesta tarde, podemos seguir confiando, porque el tiempo de Dios no siempre coincide con nuestro tiempo, pero su fidelidad nunca cambia.
«Por lo tanto, mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús». Filipenses 4:19
Dios conoce nuestras necesidades. Él conoce aquello que llevamos en lo más profundo de nuestro corazón y sabe lo que necesitamos en cada área de nuestra vida. Podemos acudir a Él en oración, confiando en Jesucristo y descansando en su gracia.
Sin embargo, esperar en Dios también significa aprender a confiar en su voluntad. No se trata solamente de pedirle aquello que deseamos, sino de creer que Él sabe qué es lo mejor para nosotros. Jesús nos enseñó:
«En aquel día ya no me preguntarán nada. Les aseguro que el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre. Hasta ahora, ustedes no han pedido nada en mi nombre: pidan y recibirán, para que su alegría sea completa». Juan 16:23-24
Qué maravilloso privilegio tenemos; podemos acercarnos al Padre por medio de Jesucristo y presentarle nuestras peticiones. Podemos hablar con Él de nuestros sueños, nuestras preocupaciones, nuestras necesidades y también de aquello que nos causa temor.
Podemos pedir, confiar y también aprender a esperar. La respuesta de Dios puede llegar de una manera diferente a la que imaginábamos o en un momento distinto al que esperábamos. Pero eso no significa que Dios nos haya olvidado.
A veces, durante la espera, Dios no solamente está preparando la respuesta; también está preparando nuestro corazón.
Si hoy estás esperando una respuesta, una oportunidad, una restauración, una dirección o el cumplimiento de una promesa, recuerda que Dios sigue siendo fiel y no permitas que una situación difícil te haga olvidar todo lo que Dios ya ha hecho.
Sigue orando, obedeciendo y creyendo, y mientras esperas, permanece cerca de Dios.
«¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor!» Salmo 27:14
Tal vez en este momento no puedes ver la respuesta, no entiendes el proceso y llevas mucho tiempo esperando. Pero que todavía no lo veas no significa que Dios no esté obrando.Tu esperanza no está en lo que puedes ver.
Tu esperanza está en Aquel que sostiene tu vida. Espera en Él y permanece firme en la fe. Porque cuando nuestra esperanza está puesta en el Señor, podemos seguir adelante aun cuando el camino parezca incierto.
No pierdas la esperanza. Dios sigue siendo fiel.



