La mejor parte

Una reflexión para toda mujer que vive entre responsabilidades, afanes y deseos de hacerlo todo bien. A través de la historia de Marta y María, recordamos que lo más importante no es lo que hacemos para Jesús, sino el tiempo que pasamos a Sus pies.

Fe y Crecimiento

Resplandece Mujer

February 15, 2026

La mejor parte

“Jesús siguió su camino y llegó a una aldea, donde una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que decía. Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: -Señor ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude. Pero Jesús le contestó: -Marta, Marta, estás preocupada y afligida con muchas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar.”  (Lucas 10: 38.42)

Marta, una buena mujer, que quizás pensó que con su afán en el trabajo iba a agradar a Jesús. Cuántas veces nos hemos encontrado afanadas y no tenemos el tiempo que Jesús demanda de nosotras. No nos sentimos muy bien y satisfechas cuando realizamos cosas que nos mantienen ocupadas y preocupadas. Nos debemos de ocupar de lo que tenemos que hacer, pero sin estresarnos, agobiarnos ni amargarnos.

Queremos ser tan perfectas que perdemos el balance que Dios quiere que tengamos en nuestras vidas. Muchas veces pensamos que somos tan indispensables, que si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará bien. Permitimos que el orgullo tome posesión de nosotras y no podemos ver el daño que nos ocasionamos a nosotras mismas y a nuestros seres queridos. Somos las súper mujeres, nos volvemos obsesivas y perfeccionistas que nos olvidamos que somos seres integrales que necesitamos llenar todas nuestras necesidades, sobre todo la espiritual.  

Deseamos agradar a Dios cumpliendo con buenas obras, y eso está bien, pero si anteponemos esas obras a nuestra relación íntima con Él, entonces estamos mal. Hay circunstancias que nos hacen estar muy ocupadas, hay que trabajar para mantener el hogar, cuidar de la familia, y cumplir con eventos que requieren de nuestro tiempo. Pero a veces  el diablo pone distracciones para apartarnos de Jesús, que es la fuente inagotable del amor y  la sabiduría.

“Los encantos son una mentira, la belleza no es más que una ilusión, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.” (Proverbios 31:30)

María entendió lo que significaba honrar al Señor.  Que privilegio que Jesús alabara en ella el haberlo escogido y no haberlo atendido con el afán de Marta. Y es que cuando logramos tener una relación íntima con ÉL, queremos estar siempre guiadas por El Espíritu Santo y depender de Él en todo, en las decisiones grandes y pequeñas de nuestras vidas.

Qué regalo  más grande recibió María al estar atenta de cada palabra que decía Jesús, pero sobretodo, disfrutó de su presencia y amor con lo que no hay comparación en este mundo. Seguramente al haberse ido Jesús de la casa de Marta y María, Marta quedó frustrada, cansada y vacía. Sin embargo María debe haber quedado llena de gozo, fe y esperanza.

Satanás se ha encargado de hacernos creer  que para ser muy exitosas o sentirnos importantes, hay que estar cargadas de planes y proyectos que están fuera de la voluntad Dios. No nos damos cuenta de eso,  hasta que estamos envueltas en tantos asuntos que  hemos descuidado a nuestra familia.  Y es  demasiado tarde cuando  descuidamos nuestro matrimonio hasta llegar al divorcio o no estar presente cuando nuestros hijos nos necesitan.

Todas, en algún momento de nuestras vidas hemos luchado con nuestras propias fuerzas, hemos visto nuestros esfuerzos frustrados, o logros que no nos hicieron felices. Pero esa no es la voluntad del Padre. Él quiere que nos sintamos realizadas y plenas, cumpliendo el propósito por el cual estamos en este mundo. Pero sólo hay una manera de obtenerlo y es a través de su hijo Jesucristo.

“Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto” (Proverbio 3:5.6)

No es que no vamos a luchar, estamos en este mundo y debemos hacer lo que nos toca, y hacerlo con excelencia, pero siempre dentro de la voluntad de Dios.  ¿Y cómo conocemos la voluntad de Dios?   La conocemos cuando lo que estamos haciendo está de acuerdo con su palabra y nos produce mucha paz y gozo; nos sentimos realizadas y vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Cuando nuestros seres queridos están de acuerdo y nos apoyan para que ese propósito se cumpla.

Pidámosle al Señor que nos dé el corazón de María, que escogió la mejor parte, lo cual nada ni nadie nos puede quitar.

Que nunca estemos tan ocupadas haciendo cosas para Jesús, que olvidemos sentarnos a Sus pies y disfrutar Su presencia.

Testimonios de lectoras

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